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Los pulgarcitos

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El título resulta hasta curioso, el enfoque iba directamente hacia aquella historia que habla de un pequeño ser del tamaño de un pulgar por eso “Pulgarcito” que lucha contra el ogro venciéndolo con inteligencia. Pero aquí el nombre es “Pulgarcita” llamada así esta obra porque habla de una nueva generación de ¿humanos?

Si humanos con una nueva forma de ver la vida, porque no conocieron la vida de sus padres como lo pueden ser la convivencia en un campo, el cuidado por convicción de la naturaleza, los juegos en patios traseros, caerse de una bicicleta y tener muchos amigos con quien rasparse las rodillas y llenarse de lodo.

Tampoco conocen de moral o algo que les indique el valor de lo humano. Su mundo está lleno de otras maneras de ser y de sentir el mundo. Su esperanza de vida hasta los 80 años y tan humanos como cualquiera pero tan diferentes en su cosmología. Todo ha cambiado para estos pulgarcitos

Escribe de la tecnología, del ofrecimiento de los saberes a través de una red virtual. Pulgarcitos porque es quizás el artefacto con el  que más se identifica una manera de comunicación ambulante que se lleva prácticamente a todos lados. Y cómo se utiliza este celular para transmitir mensajes, ideas o cualquier otra operación: Se sostiene esta herramienta con los demás dedos, dejando al descubierto la pantalla y los pulgares libres para disparar a gran velocidad lo que uno desee a quien sea y en donde sea. Así de ese tamaño es el mundo actual, pulgarcito, no?  Pequeño e inexistente o mejor dicho virtual. Puede o no ser real, según como se utilice porque no sólo se requiere destreza sino la capacidad de elegir con buen juicio, madurez o pensamiento crítico.

En fin, el principio de este texto es como un poco desgarrador y crudo. Especifica una generación de humanos que conocen el mundo a través de sus pulgares en un aparatito que les permite percibir una cosmovisión un tanto irreal. Y sin embargo, en su mundo real se les exige tener el conocimiento para apreciar naturaleza, espacio de juegos al aire libre, la comunicación con el de enfrente, la búsqueda de una figura cuando apenas se forma su carácter.

Parecería que es una historia pero no es una percepción de lo que sucede con los jóvenes y personas de cualquier edad sumergidas en la tecnología, redes sociales, mundos virtuales. Esa manera sintética de conocer el exterior.

Escribe sobre las toneladas de información que a la mano puede tener cualquier persona interesada en navegar por el ciberespacio. La manipulación de la información, que finalmente la gente no atina a escoger cuál es la que le conviene. Porque como no hay entrenamiento en razonamiento verbal o matemático, la cuestión de los saberes a través de la tecnología resulta peligrosa.

Además mucho tiene que ver en esta formación la atención que los padres tengan en estos jóvenes. Pasar la tarde tranquilamente mientras se ahogan en juegos de video, por lo regular violentos. O darle a un pequeño de dos o tres años un celular para que se entretenga y no de problemas, es muy fácil, por ahí comienza el manejo inconsciente de la información, por diversión y entretenimiento que luego se convierte en una ausencia total del mundo existente.

Habla también del papel que las escuelas pueden dar a los alumnos pero absorbidos en la burocracia y corrupción tampoco ellos tienen soporte o interés por hacerlo.

Y aunque es crudo en este recorrido de la generación futura también es propositivo porque  menciona la necesidad de trabajar en un entrenamiento adecuado,  no delos saberes, sino de la manera de transmitirlos con eso que pareciera diabólico que es la tecnología.

En realidad resulta que si se le utiliza de manera consciente y precisa esa red de información dejaría de contener basura porque al adquirir un juicio de valor sobre los contenidos nuestra tecnología estaría más a favor por el crecimiento del espíritu humano y no por la riqueza absurda que se obtiene de la ignorancia.

 

Pulgarcita, Michel Serres, Fondo de Cultura Económica, 1ª. Ed. en español, Argentina 2013, pps.98

 

Desentilichando mi vida

DESENTILICHANDO MI VIDA ii

Como cualquiera otra persona tengo un lugar llamado desván, bodega, sótano o caja vieja de cartón o madera. Ahí guardo todo lo que siento me puede servir de nuevo. Dejo ahí papeles, servilletas, etiquetas, fotografías. Cosas más grandes tal vez libros, revistas, mis diarios acumulados y toda suerte de cuestiones importantes que en algún momento atesoré. Ropa querida pensando en que algún podré ser la talla de hace treinta años. La onda vintage sería mi estilo así que lo conservo por si acaso, por si las dudas. Cámaras que ya no tienen reparación, mesas porque creí en un proyecto y lo dejé sin luchar, carpetas con presentaciones que siguen con pequeñas reminiscencias de querer ser “ejecutivo” de nuevo.

Cada año acostumbro desentilichar, es decir, tirar todo aquello que ya no me sirva desde una plancha a la que un día quise componer porque le faltaba un tornillito y nunca lo busqué. La jarrita que me gustó y jamás usé. También una chamarra que guardaba para ocasiones especiales pero eso no se presentó así que también va para afuera. Todos mis trebejos de años anteriores figuritas de algún novio, mensajitos románticos y hasta poemas, pues como ya es “ex” lo que sea, no es necesaria la conservación de alguien o algo que tuvieron sentido en algún momento.

Esto de la acumulación y suma de recuerdos y cositas, listoncitos y todo esto a lo que llamo trebejos resultan en espacios requeridos cada vez más grandes. Me parece que a veces mi casa es una bodega donde guardo los viejos recuerdos de las personas que aún estimamos, sus regalos y las fotografías con ellos. Junto con los de mi familia y parientes.

También se esconden esos antiguos proyectos que con gran entusiasmo comencé y que a la postre sólo fueron sueños que no se asentaron reales u obstáculos que nunca pude superar. También me deshago de esos juegos en familia que nunca practicamos y guardo esas fotos de años en donde creí que mis hijos no crecerían tan pronto. Ahora los sustituyo por los actuales esos mis adultos jóvenes abriéndose paso con grandes ilusiones. Eso me enorgullece y hasta ahora puedo verlos como hombres caminando su vida con alegría y perseverancia.

Esos dibujos que hicieron de pequeños, fotografías y ropita de cuando eran bebés, sus medallitas y zapatitos. Todo eso que puede resultar cursi en una persona pero con el tiempo son experiencias compartidas que nunca se olvidan. Eso lo conservaré siempre. Archivo en una gran carpeta todas sus destrezas en la pintura y en las letras. También sus cartas a los Reyes que ahora después de tantos años de haber dejado su niñez permanecen con nosotros cada fin de año.

Sigo poniendo a la sombra mis querencias. Son fotografías de mi infancia con mis padres y mis hermanos tal vez con la esperanza de que un día volverán aquellos a los que sigo extrañando. He tenido grandes afectos que a su partida conservaron siempre una montaña de cuestiones increíbles como análisis de todos sus hijos, boletas de calificaciones, sus dientes de leche hasta libros de texto, supongo que mucho mejores que los de hoy.

Con los años me he dado cuenta de que es mejor dejar ir aquello que me mantiene en el pasado y no me permite avanzar. Lanzar por el aire aquello que me duele y decretar que seguiré adelante con lo que tengo. Arrojar a la basura los detalles dolorosos, las frustraciones o relaciones añejas ya fastidiadas de seguir el mismo círculo ahora ya indiferente. Mantener físicamente todo aquello que pensé permanecería eterno sólo me ha llevado a aguijonear la existencia sin querer avanzar. Sosteniendo aquello tan querido que pareciera que fue un instante el vivido y no muchos años.

Así que este año como todos los anteriores desentilicho mi vida, elimino recuerdos y suspiros tontos, todos los que pueda. Conservando únicamente las buenas experiencias y dejando en el olvido todo aquello que me ha corroído muchos instantes. Es buena terapia, romper, tirar y regalar todo aquello que ya no uso, ya no quiero o me lastima. Eso se irá seguramente a la incineración o estará más feliz en una casa hogar o vendiéndose en algún mercado de pulgas.

 

 

 

 

Los buenos propósitos de cada año

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Tal vez no debería existir una lista de buenos propósitos, sino una lista de logros que nos indiquen que seguimos vivos. Las buenas intenciones de cada año no sólo enumeran lo mismo con pequeños o ningún cambio sino que es un fastidioso pliego de frustraciones, errores y nostalgias. De qué serviría hacer esto si siempre es justificable cada año. Nunca se eliminan las nuevas o viejas miserias, nudos existenciales y los proyectos de vida que al comienzo son de gran entusiasmo regresan al baúl de los recuerdos, siguiendo así el círculo vicioso que termina cada año en autocompasión.

Qué más da gordos o delgados, emprendedores o no. Lo que caminamos en el año es lo que cuenta, si a nuestro único y universal juicio hemos avanzado, todo está bien, no hay ganadores o perdedores. Ni tampoco hay conformistas o ambiciosos. Simplemente personas gozosas de lo que hacen y en esa medida también su retribución material o inmaterial se reflejará en su vida.

Así de fácil. Hacer una planeación de un proyecto es válido, menos tropiezos y más posibilidad de éxito. Pero qué hay del espíritu del hombre, esos pequeños comportamientos que construyen las buenas decisiones y la armonía con el exterior. Uno que se edifica día a día tiende a ser más feliz y satisfecho, haciendo de sus tareas su propio proyecto de vida.

Es decir, si queremos que realmente algo funcione entonces el trabajo será interno, siempre hacia adentro, analizando qué es lo que nos llevó a ser obesos o a dejar el ejercicio o a gastar más. Seguro que habrá siempre algo muy dentro de cada uno que sabe la causa original de aquellos buenos propósitos que siempre hacemos cada año y nunca se cumplen.

Y por qué no, la lista podría contener las causas verdaderas de aquellos efectos que siempre se pretenden borrar cada año. Es fácil decirlo pero tener la humildad quizás cueste mucho más, porque en el fondo a quién le gusta darse cuenta de todas sus miserias, errores de conducta y comportamientos. Creo que a nadie, si no se tiene esa humildad consigo mismo, esa honestidad de hierro que nos permita vernos como en un espejo y realmente aceptar que somos el contenedor de todo lo que nos pasa y de esta manera no se llegará a fin de año con la tonta lista de buenos propósitos.

La lista podría tener otra modalidad, es decir, por qué no medir por nuestros actos y decisiones, la práctica de la tolerancia, paciencia, prudencia, constancia, empatía, voluntad y todos aquellos valores que nos hacen humanos y acrecientan el espíritu.

Si no respondemos a la ira en los momentos de enojo se está practicando la prudencia, si reflexionamos y analizamos antes de hablar o actuar se ejercita la razón, si hay respeto para el otro se manifiesta la tolerancia y continuar así con esto, se caerá en la cuenta de qué tanto podemos cambiar lo que siempre nos incomoda o molesta.

Así que una lista de buenos propósitos será un ejercicio diario y no esperar a que todo toque fondo y se sienta culpa por tantas pobres decisiones que se toman cuando sólo el gusto y la complacencia miden el comportamiento. De esta manera el placer efímero de las tentaciones tenderá a desaparecer.

La práctica de los valores que nos convierten en humanos, hacen de cada persona una virtuosa en la vida, con toma de decisiones que evitarán fugas de energía, fastidio y vicios. Los profesionistas de la salud serán sólo guías de prevención y mantenimiento. No serán reparadores de vanidades, excesos y todo aquello que evita el disfrute de la vida en toda su plenitud.

http://blog.eltriangulo.mx/cumple-tus-propositos/

La memoria

La memoria es una suerte de bodega cerebral dicen que con un poder de almacenamiento indescriptible. Es el archivo de la vida y cada ser tiene la propia. Porque qué sería ese ser vivo sin un algo que le diga lo que es y lo que va construyendo.

Contiene recuerdos, siempre recuerdos porque todo al pensarse y hacerse, en ese mismo instante, se vuelve un pasado confinado, bajo llave. La memoria se puede entrenar, ejercitarse como todo músculo. Debe hacerse porque siempre necesita alimentarse de cuestiones novedosas e interesantes y de eso que impacta y emociona.

Aunque también es defensora de experiencias desagradables, lo tóxico se olvida en el subconsciente, en un archivo muerto, no olvidado sino simplemente abandonado, arrinconado, eso dicen los conocedores del mecanismo de la mente. Y si el “conócete a ti mismo” funcionara como lo pregonaba Sócrates, fácilmente encontraríamos el camino que nos molesta. De lo que queremos soltar y que nos da miedo porque quizás nos convierta en un nadie, en una nada. Desconectados y sin poder funcionar porque no tendríamos roce con un mundo, con el exterior. Así que en el camino de la vida será siempre importante fortalecerla y desechar todo aquello que ponga en riesgo la plenitud del ser humano, nuestra plenitud.

Ella es la que nos permite seguir adelante. Quererse y respetarse es vital. Nutrirla con cuestiones bellas, inteligentes, útiles y valiosas. Porque todo eso que se acumule fortalecerá el espíritu. Sin éste, la memoria sólo actuará sobre caminos de amontonamiento efímero que aunque placentero finalmente será doloroso y vacío. Y no importará una gran suma de experiencias guardadas, el crecimiento interno será nulo porque la memoria sólo tendrá chatarra sobre la senda.

Este cofre lleva, lo que recuerda el ser humano y vive con eso que contiene. Son sus modelos a seguir. Vive de lo que se acuerda y de lo que sabe hacer, perfecciona procesos que ayuda a la sofisticación en su manera de almacenar. Marca actitudes, habilidades.

Y aunque en su complejidad existan debilidad y fortaleza. La suma de todo lo aprendido hará que ambas corran un solo camino. Mucho de esto reside en los buenos hábitos, la repetición y la constancia que desarrollarán un orden de ideas adecuadas para organizar, concentrar y recordar.

Constantemente hay que alimentarla, pero en un proceso selectivo, es decir, si los nutrientes de la memoria son basura, el comportamiento y la actitud también lo serán. Así que una tarea para el buen desarrollo de todo humano siempre será nutrir esa caja llamada memoria con todo lo que permita avanzar y realizar lo soñado, pensado o sentido. Es una parte importante de la inteligencia porque será ella la que tome de la memoria el proceso a seguir en la vida.

Si la persona llega al hastío, a la rutina, a soltar intereses vanos, la actividad cerebral hará que la memoria se debilite. La persona entristece y el cuerpo sufre de aquello que no recuerda o que no tiene porque lo creyó inútil, de lo que se ha ido por desilusión, coraje o por impactante y doloroso. El miedo y el temor bloquean la memoria y le impiden establecer una normalidad en su vida.

La memoria no tiene intenciones, sólo almacena. La voluntad de vivir y el interés que conlleva la reaniman y la templa. La ciencia resulta ser fría y ayuda por supuesto pero lo que detona el avispamiento de la memoria, no es la inteligencia no, es la energía vital de la voluntad lo que dispara el lanzamiento de lo que se tiene en ese baúl y que junto con la inteligencia y el conocimiento adquirido sabrá cómo, por qué y para qué habrá que utilizar lo que se ha quedado en esa memoria.

La confianza que otorga es única pues mide detalles, voces, rostros, actitudes, cómo comer, dormir, reír, soñar, es la persona misma. Una emoción o un detalle externo pueden abrir puertas de recuerdos que nos harán seguir o parar, arrepentirnos o llorar. Ella da a cada persona la descripción misma del mundo. Todo lo que pasa a través de la percepción, sentidos, pensamientos, todo queda registrado en ella. Es parte de uno mismo, sin ella difícilmente los proyectos y deseos continuarían no habría ningún lazo entre nadie ni con uno ni con el otro ni con nada. La memoria recuerda olores sabores, sentimientos, resentimientos, lo negativo lo positivo, valores. La continuidad de lo que somos se pierde. Es como la brújula de nuestro barco y sin ese timón la vida no se controla, no se reformaría. Imposible enmendarla hacerla crecer. Es la biblioteca de la vida y durante este camino va constantemente cambiando de unos libros por otros unas herramientas por otras, aumenta la agenda de personas que conocemos y con las cuales tendremos conexiones no importa si buenas o malas. La conexión de la memoria con la vida es tan importante que sin su contenido tampoco se hallarían causas o soluciones.

Cómo no atesorarla y cuidarla. Nutrirla y amarla. Esta será quizá una de nuestras más valiosas pertenencias que nos llevaremos al final del camino. Nos dirá si valió la pena esta gran aventura que es vivir.

La montaña rusa

No recuerda cuando fue su despertar, pero si recuerda con entero placer casi todo lo que desde aquel momento comenzó a pasar por su mente. Esto mismo le hizo comprender acerca de las cosas imperceptibles a los sentidos, así aprendió que el tiempo es como un carrito en una montaña rusa. El inicio fue como cuando compró el boleto. Los primeros nueve meses, como la espera de su momento en la fila. La primera infancia, cuando le tocó su turno, con la imperiosa ansiedad para tomar una ubicación en el artefacto, sin la experiencia de elegir una posición. Y luego, un poco más de zozobra, para finalmente iniciar el ascenso incomprensiblemente lento e impredecible, sin embargo, constante. En esta etapa, mientras fijaba su atención al final de la pendiente, inevitablemente su mirada subyugada, no le permitía siquiera un vistazo atrás. Mientras su ansiedad acaparaba todo su interés sobre aquella subida, más adelante y por un instante, pudo contemplar todo su derredor y entonces tomó conciencia del Tiempo. Una apreciación entre lo que fue, lo que es y lo que aún no. Y no obstante a pesar de esta última frase y de otras de las insólitas sensaciones difíciles de percibir por los sentidos: La Gravedad. En ese momento, le quedó claro que algo le reclamaba desde su espalda y a la vez algo le atraía hacia la cumbre. En aquel punto nuevamente pudo cavilar acerca de dos cosas, como capacidad propia de los seres humanos: La Intuición, que le permitió desde aquel instante presuponer el “aún no”. El artefacto continuó sobre las guías, fuertes, sólidas e inalterables y en cuestión de un parpadeo todo cambió, la predicción resultó un tanto distinta. La cumbre quedó atrás, y todo de repente se vino encima, aquella sensación de retención se convirtió en una vorágine de aceleración, que con feroz inclemencia empujaba sobre todo su ser. El viento, que en un principio le pareció una caricia, ahora resultaba una tormenta, los cabellos se habían vuelto locos, como queriendo huir en desesperada estampida, en la inclemente caída una espeluznante visión le atrapó por un segundo, al frente se cruzaba la estructura de la montaña rusa, cientos de maderos geométricamente entrelazados. Ni tiempo de cerrar los ojos, cortando la respiración y provocando un asfixiante alarido. La mente quedó confusa frente a tal incidente, mas no tardaba en tratar de cavilar aquella escena cuando en brusco giro primero a la derecha y luego a la izquierda, en subida vertiginosa y después de nuevo, la inevitable caída. El corazón latía desbocado, la piel en las mejillas ondulaban desordenadas, como arrancándose de aquel rostro de inconmensurables ojos desorbitados. Y de nuevo una y otra vez giros a la derecha, a la izquierda. Las manos, asidas a la barra con fuerza tal que parecía que las uñas sangrarían y los dedos amoratados aguerridos a su firme decisión de no soltarse ni por un instante. Los pies trataban de mantener el piso, pero las fuerzas implicadas les hacían ir de un lado a otro, indefensos, como los de un muñeco de trapo, como si bailaran la danza macabra del fin de la existencia. Después de un tiempo que pareció toda una eternidad, aquella experiencia llegó al final. Desaliñado, con el corazón saltándole del pecho, aquel, ahora hombre, reflexionó… ¿Por qué desean desaparecer a La Filosofía?

Al preguntarse esto, recordó entonces cuándo había sido su despertar…apenas hacía un instante.

 

Mi taza de café

 Willis09 Cafe nocturno y sensual lapiz

Quiero hablar de una taza de café, quizá pueda parecer un tanto ilógico o tonto pero el café es la bebida que más me ha gustado y de los pocos vicios que hasta la fecha mantengo.

Una taza de café siempre en la mañana me reanima sin pensar en lo estúpido que es el anuncio de un café con cafeína que te acelera. Puede ser que sea cierto, pero a mí me parece que siempre en la mañana un café me acaricia y me invita a comenzar el día que espero siempre sea bueno.

Esa bebida y siempre en una taza cuando estoy sola pareciera absorberme todos mis pensamientos, es como nostálgica queriendo siempre reproducir momentos agradables con amigos o querencias, pero también me invita a componer el mundo con pensamientos tontos que van de un lado a otro.

También me hace ver el paisaje si estoy fuera tomándolo o ver a la gente si decido ir a un parque. Veo a los que se dicen deportistas corriendo quién sabe cuántas veces, pensando que podrán eliminar todos los pecados de la gula en una vuelta o tal vez en dos o con mucha culpa dará tres o cinco vueltas, siempre con su música en los oídos para apartarse no sé si de la gente o de ellos mismos.

También puedo ver a viejitos como yo abrazándose a la fuerza que con los años se va perdiendo, los veo caminando cansados, con la espalda curva y siempre estirando los viejos huesos que se rehúsan a seguir funcionando cada día menos. También es nostalgia que me invita a verlos en el mismo camino en que estoy.

Puedo ver en ese parque con mi café, a los dueños con perros o a los perros con dueño que se pasean indiferentes vestidos con sus pants de deportes que desde hace algunos años pareciera más una moda semejando la imagen sana de una persona,  pero la verdad es que quizás después se tomen una cerveza o coman cochinita o taquitos, así que la vestimenta de deportista también es un velo que no nos dice nada de la persona.

Una taza de café puede ayudarme a disfrutar mi lectura y con cada sorbo ir devorando mis letras impresas en esos que se llaman libros y que ya muy poca gente los usa y los quiere. Comienzo a ver que mi taza se consume pero me va profundizando en pensamientos que en ese día despiertan conmigo.

El café amargo y sin azúcar como siempre me ha gustado es un vicio del que no prescindiré y a estas alturas del partido cualquier daño que me haya o esté haciendo sale sobrando pues mi camino ya está  casi finalizado. Así es que mi café adorado como sea americano o con chocolate o un piquetito siempre será mi bebida favorita.

También  lo puedo tomar bien acompañada, con mi esposo, ya juntos más de la mitad de nuestras vidas. O tal vez lo compremos muy tempranito, en nuestras bicis. Placer que no pretendo evitar, a menos claro que mis piernas dejen de pedalear mi bonita bici rosa.

Así que bendita mi taza de café!!!!!

Un gran festín marino

En todo nuestro planeta, la naturaleza tiene períodos de gran abundancia de alimento y lluvia, así como temporadas de sequía y hambrunas. Todos los seres vivos de nuestra amada Tierra tienen pues el trabajo de siempre aprovechar las buenas temporadas de agua y alimento que se presentan.

Ese año en especial, delfines, tiburones, focas y hasta gaviotas; sabían que se acercaba una gran temporada de caza, pues los bancos de sardina viajarían de un punto a otro de los océanos. Todos ellos viajaban por sus propias rutas con un solo objetivo: obtener buen alimento para todos los de su especie.

Cuando de pronto apareció el gigantesco banco de sardinas todos se detuvieron en ese punto. No se miraban entre ellos ni los tiburones con los delfines ni las focas con los tiburones y ni tampoco miraban hacia arriba en donde se arremolinaban las gaviotas.

Siendo tan diferentes todos estos animales podría pensarse que se atacarían entre ellos para quedarse con más. Y hay que aclarar que el grupo de sardinas era gigantesco de manera que no habría duda alguna de que todos podrían comer lo que quisieran sin ningún problema

Lo sorprendente es que al iniciar la caza, todos estos animales tan diferentes en muchos sentidos y sin embargo, viviendo en el mismo mar; unieron sus propias habilidades en una sola estrategia. Los tiburones y focas que tienen habilidades de velocidad en mar profundo comenzaron a cercar al banco haciéndolo subir hacia la superficie. Los delfines con su gran inteligencia y rapidez nadaron entre los pececillos dividiéndolos en grupos cuidando de no romper el cerco que los tiburones y las focas mantenían. Las gaviotas solo espectadoras avisando a las demás aves marinas.

En el momento en que las sardinas pudieron rozar la parte alta del mar todos con esa estrategia de grupo comenzaron a alimentarse en grandes cantidades. El festín era fenomenal y estos grandes animales unieron sus habilidades siendo competentes en la caza de ese alimento.

Quizá de manera grupal por especie hubiera resultado tediosa y a lo mejor sin tanto éxito. Pero con la unión de diferentes habilidades la meta de ser felices con la panza llena, todos estuvieron a gusto. Tanto que con sólo una mirada todos los animales se agradecieron entre sí el haber compartido la temporada de caza.

Es así como de manera inteligente se pueden alcanzar los objetivos, uniendo habilidades y sin egoísmo o codicia. Y cómo a pesar de ser tan diferentes pudieron aprovechar lo que el generoso mar les brindaba.

Casquito

La naturaleza tiene un modo extraño de ofrecernos su belleza. Y en el reino animal del que el hombre forma parte, existen un sinnúmero de especies con raras características y colores. Unos muestran su plumaje, otros sus habilidades, su fiereza y su valor para sobrevivir.

Y cuando los hombres se acercan a ese mundo, colocan nombres y definiciones de su comportamiento y de qué se alimentan y en dónde viven. Sólo unos pocos tienen la fortuna de conocer a tantos animales de cerca, la mayoría sólo en zoológicos o documentales y revistas. Pensemos en los veterinarios que los cuidan, en los cazadores que los matan y en los zoológicos que los encierran. Unos ayudan, otros los matan y los últimos los aprisionan.

Estoy entre los afortunados que por un tiempo tuvo el gusto de convivir con una extraña criatura, era pequeña cuando lo llevé a casa. La encontré desamparada a la orilla de la carretera cuando regresaba a casa después de unas gratas vacaciones veraniegas.

Era un bebé exótico no había duda, su piel era dura, con muchos pliegues como una armadura, con pelos y bigotes, con tonalidades cafés y blancas. Su hocico era alargado y sus orejas puntiagudas. Sus patas grandes y con garras. Una lengua larga y ojos pequeños y vivarachos.

Al principio mi hermano y mis papás lo acogieron con curiosidad y precaución. Lo bauticé como Casquito porque al sentirse inseguro y con miedo se hacía bolita como cubriéndose con un escudo o casco protector. Era tímido y nocturno. Dormíamos juntos y siempre se acomodaba debajo de mi camiseta como buscando el calorcito. Si estaba alguien sentado en la cocina, rascaba su zapato para pedir comida o un pequeño apapacho. Paseaba solo y en silencio, además era un poco cegatón. Ante su presencia uno podía sentir su ternura y él ofrecía una actitud amorosa y tranquila. Increíble que uno pensara en sentimientos trasmitidos por un ser salido de la selva donde siempre suponemos el ambiente hostil y de alerta. Y aunque ya no está con nosotros porque murió de manera inesperada, siempre extrañaré a mi buen amigo Casquito

Con su ausencia entendí entonces que no se debe juzgar a nadie por una imagen y apariencia porque eso no permitirá conocer a un gran amigo y crecer así más como persona. Lo que uno aparenta y lo que se es de verdad es muy distinto. Así que antes de etiquetar a alguien date la oportunidad de conocerlo.

Esas pequeñas fortalezas

Cómo es que siento que el tiempo ha pasado tan pronto. Cuando la vida en común con una familia comienza. Tiene planes, sueños, actividades qué hacer. Cada quien toma su tarea, pensada, planeada o no,  sólo la hace.

La vida en la actualidad tan rápida tan súbita. Las rutinas hacen que se pierdan tantos sentidos en el camino. Las responsabilidades como las bolas de nieve, pequeñas al principio y repente tan grandes. Cuesta cargarlas pero se sigue.

La vida cotidiana absorbe, luego son los deberes. Los hijos crecen, ayudados, cobijados o no. Errores que se cometen, a veces se corrigen o se la pasa uno dando disculpas que no terminan. Las personas hacen lo que pueden a veces con lo que tienen, otras con lo que pueden conseguir y continúan con su camino.

Las fiestas, las diversiones o entretenimientos llegan a ser también monótonos y repetitivos. No se siente que sea uno mismo, se deja absorber y se pierde en el ruido de las ciudades, se deja uno llevar por los amigos o parientes. Pero la inutilidad de las actividades comienza a ser lo mismo. Se pregunta uno mismo si lo que hace tiene alguna finalidad.

Y en el fondo siempre está aquella cuestión deseada, ya empolvada, las telarañas del tiempo nublan la claridad de esos pensamientos que quieren aflorar. Uno ya no encuentra el principio de la madeja. Cómo es que se perdió entre tanto marasmo civilizado. Escudriñando siempre entre los recuerdos, deseando siempre encontrar algo de qué asiarse para continuar.

Uno siempre trabaja, va como loco de allá para acá, sube, baja. Hace bien sus deberes, bueno eso se piensa uno. Que va bien como padre, como madre, como hijo, como nuera, como yerno. Al final cuando termina uno su labor de eso, se queda encordado como no dejarse detener pero ya hay un espacio grande, cada vez más grande. Entonces uno se detiene y ve para atrás una multitud de años y de minutos, sin cuenta de cuándo pasaron, por qué no se detuvieron un poco más. Y suspira de tantas horas, minutos y días que pasaron en la inmensidad de cuestiones absurdas.

Acumular bienes, amigos, parientes, fiestas. Nunca se detiene, siempre querer más, las demandas de todos, partirse en tres en cuatro además de uno mismo. Y no sé porque se pone uno muy triste, si porque el final está más cerca o porque quisiera enmendar o seguir cometiendo errores y sentir más alegrías.

Y siguiendo con esa búsqueda interna, esa voz nuestra que nunca miente y que está siempre en uno, en la profundidad, sigue apoyando y logra entonces encontrar grandes vivencias, experiencias deliciosas. Esas pequeñeces que todavía se encuentran en un baúl muy personal, muy íntimo. Esas que no se escapan de la piel y de la memoria. Y se perciben momentos más buenos que malos y más generosos de contento que de pena o enojo. Esos que te dejan lágrimas de alegría, que no puedes dejar de pensar y querer traerlos de vuelta contigo. Y uno se abraza de eso con toda su alma.

Cada persona es el fuego cálido de esas vivencias, de esas que se hacen fuertes con el tiempo. Y como los diques que protegen de las tormentas, de las violentas mareas. Eso es lo vivido con las querencias. Entonces uno se vuelve fuerte y tornan las ganas y regresa el ímpetu y se inyecta de nuevo el espíritu.

Es así como esas pequeñas fortalezas son las que ayudan a recrear el sentido de la vida y la continuidad del deleite. Porque si bien el tiempo vuela, aún en las malas experiencias lo bueno siempre será más de peso.

 

Una personita

Nuestro mundo tan rico y tan misterioso. Tan lleno de vida y de colores. Miles de mundos diferentes al nuestro. Incluso dentro de cada persona hay más mundos: el de las células creando los órganos, el de la sangre con los nutrientes y éstos mismos con universos sin conocerse en su totalidad.

Todo esto es parte de la vida de nuestro planeta Tierra. Todo esto por conocer mientras nuestro despertar dure, tal vez años muchos años. Tal vez menos, nunca se sabe. La persona misma es un universo lleno no sólo de cuerpos y sistemas que nos ayudan a conocer el mundo externo, sino también un Todo lleno de ideas. Ideas que crecen y desaparecen. Ideas que no pensamos pero vienen de fuera, de los alrededores, de conectarse con otros.

Y sin embargo, es necesario un orden para entenderlo. Entonces comienza el martirio. Este orden requiere de estructuras, es decir, de reglas a seguir para un sistema lleno de cuestiones que atender y que aprender. De pequeños sólo seguimos la primera formación de ese orden: la familia. Nos dan cobijo, alimento, vestido y amor.

Así es este mundo cuando una personita nace y llega para residir en él. No pregunta, sigue esos caminos. Piensa que así es el mundo y lo acepta, no sin voluntad no con voluntad. Lo hace sin entendimiento, sin comprensión. Como parte del reino vivo se siguen los instintos del hambre y del resguardo. Pero se sigue sin entender tantas reglas. Se siente diferente el afuera y el adentro. No se pregunta se sigue la rutina, esto crea hábitos. Seguir una actividad una y otra vez hasta que se nos grabe como el hierro caliente en el ganado. Esto es bueno, dicen, organiza tu tiempo y coordina tus actividades.

Conforme crece esa personita, sigue sin entender. La familia, los padres, los hermanos siguen lo mismo. Hacer y no hacer, alcanzar y luchar. Y uno comienza a preguntarse para qué o por qué. Y aquella naturaleza prístina va desapareciendo. La familia dice reglas, hay que seguirlas. Papá y mamá igual. Rutinas, métodos, hábitos. Buscar una meta para eso es dicen todos ¿Una meta?

El mundo entonces pareciera tener mil cuestiones que atender y el adentro ahí se queda, escondido, confundido. Sigue el camino y no se pregunta confía en las personas que como ella la recibieron en este mundo tan material y tan incomprensible.

Qué podría preguntarse esa personita. Sólo lo que su poca información le dan sus queridos, aquellos con los que vive. Y no sabe si su mami que tanto la quiere le esté diciendo lo bueno o lo correcto. Lo adecuado y lo conveniente será, dice papá. Pero esa personita comienza a tener su propia estructura, débil todavía y aún no la entiende. Ella piensa en sueños, en fantasías, las que ve afuera, las que siente adentro. No le interesan las reglas ni su entrada a la escuela, le gusta correr y sentir eso que la hace contenta por dentro, eso que le permite reír y la conduce a los cielos de los niños, de las personitas. Siempre le gusta eso, no le importa levantarse o lavarse, ella insiste en el contacto con la alegría con la curiosidad, en un gusanito o una planta, en las nubes o en las montañas, en los ruidos extraños, en los olores, en sus manos y en el camino. Pero mami, siempre la sienta y la quiere quieta inmóvil, sin ensuciarse, siguiendo siempre las reglas. Papá casi ausente aunque la personita siempre lo siente tenso, enojado, está en casa pero no lo siente con ella. Mamá también, aunque con menos frecuencia. Siendo tan pequeña no debe elegir lo que quiere en ese momento o en ninguno. Si puede se escapa, sino entonces come cosas ricas y ve las figuras en una caja divertida. Le compran muñecas, semejantes a los humanos o cochecitos o espadas. La ropa también es reglamentaria, si va a la escuela el uniforme, todos iguales por si se pierde. Un pijama para dormir, vestido o pantalón. La familia igual se uniforman, ellos dicen son originales pero la personita los ve iguales a todos. No entiende diferencias, no entiende colores, los disfruta. No entiende los colores de la piel, el cabello o los ojos. Pero mami y papi sí, ellos le dicen si puedes esto, no puedes aquello. Si te equivocas hay castigo pero si lo sigues hay recompensa. La personita se imagina como los animalitos en la tienda de mascotas. Largos caminos que recorrer, si se elige el bueno, hay recompensa, sino el dulce desaparece.

Entonces va aprendiendo, todavía no sabe si bien o si mal. Sólo ve los dulces y los regalos, las princesas y los superhéroes. Quiere correr y volar, ser bonita o muy fuerte. Escapar a sus cielos y sus sueños, esos que se van desapareciendo con la edad. Con el demoler de su adentro para crear otra personita que no es la misma que nació.

Crece cambiada, bonita como mami quiere. Callada y obediente como a papi le gusta. Pero sigue sin entender el afuera y ahora su adentro ya no lo encuentra.